LA ORTOGRAFÍA DEL AMOR

•Febrero 9, 2010 • Dejar un comentario

Wishful Thinkin by G. Cinà

Cuando los silencios de la noche languidecen hasta convertirse en un sonido blanco, casi inaudible, el lenguaje con que el amor nace y se expresa recobra su forma original, aquella que en el tiempo en el que el tiempo era irreconocible y distinto se erigió como la primera voz, el primer idioma con el que el amor se pronunciaba. Tiene su lenguaje decenas de sinónimos que se saben distintos unos de otros y, sin embargo, idénticos en intensidad a la palabra plenitud.

Al amor no le caben prefijos, no le pueden ceñir condiciones ni banderas izadas a priori para limitarle o vendarle los ojos y prepararle para la mentira. El amor es sustantivo singular que en el plural halla la desinencia más creciente y menos divisoria, un plural en ocasiones roto por la daga invisible del hielo que cuaja en las intersecciones áridas que el invierno, también contenido en el amor, a veces escoge.

Hay palabras que se engarzan al amor y en él encuentran su etimología más carnal, palabras dichas o esquivadas, producto de la saliva del deseo o la luz de un abrazo que se anhelaba aún antes de ser imaginado. Existen palabras que desnudan la nostalgia porque ellas son, tras la niebla de la ausencia, la nostalgia más honda, el arañazo que produce no rozar una mano que en un instante del ayer se sentía próxima, cercana.  A ese amor, al amor le crecen los adverbios a poco que sea cierto, le brotan manantiales de adjetivos inigualables, concéntricos, nenúfares gramaticales de la piel, del sentimiento. Vibran en él, en ese amor, cadencias que son verbos; tiempos declinados que son sombra del ayer; un pasado pretérito, imperfecto; formas verbales que poseen las terminaciones vibrantes del presente, de un hoy que se estremece con solo ser nombrado.

El amor se une a las preposiciones de lugar, es un lugar, un sitio nuevo, el paisaje al que cada cierto tiempo nos regresa, inevitablemente, el corazón amante que no nos abandona. Con la tinta espesa del amor, se escriben frases que inician la pasión, que la alimentan, un ven o un regresa…un vete, el adiós más doloroso, el nunca te entendí o el jamás debí decirte…Se escriben los besos en los versos, el abrazo en cualquier gesto, el delirio de la lujuria, con mayúscula y acentos…Se escribe un no te amo o un eres mi amor, la luz más dulce, el alba más temprana…En el amor, en ese amor, se miente, se es certero… El amor se declara, se esconde, se comparte, se multiplica, se prostituye, se duda, se requiere, se impone, se entrega, se regala, se añora, no se tiene…El amor está escrito con tinta de emociones y reglas ortográficas que únicamente el propio amor conoce.

Amamos para alejarnos del singular, del nosotros único y sin reflejos. Amamos para aproximarnos a otro que nos invade la piel y el pensamiento. Amamos para construir nuestro pasado, para crear recuerdos que un día nos harán sentir que una vez amamos al amor como se aman las cosas que aún no tienen nombre y existen en el todo. Amamos para sentirnos otro en otro, otro en nosotros. Amamos y dejamos de amar, como la luz rubrica, cuando se extingue, el inicio misterioso de las tinieblas imprevistas. Amamos y nos aman. Somos amor en otro, amor en su amor, pasión encastada en la pasión.

Amamos con dolor, a veces, sabiendo que el amor será un fuego mínimo que no nos arderá en los ojos. Amamos porque amar es sabernos amor, sentir que el límite de la vida se ensancha con cada amor hallado, percibir que con cada desamor, crece también la necesidad de amar con una mirada distinta y casi nueva.

Amamos, nos amamos, somos la ortografía con la que el amor se escribe y se pronuncia. Amamos y volveremos a amar, inevitablemente, cuando el desamor cese de doler y sea únicamente el eco del amor que sentimos un día…


SOBRE LOS VERSOS…

•Febrero 8, 2010 • Dejar un comentario

BIRDS BY SZIRMAI

Los versos de amor se tejen al anochecer y se deshacen al alba, porque al anochecer regresan las palabras aves tras recorrer los diccionarios procaces, los párrafos silvestres, las grutas donde habitan los adjetivos de dos sílabas y 4 brazos…después de  recorrer el continente inexistente de la poética inversa del alma. Por eso, cuentan quienes caminan errantes porque muchas veces amaron con amor intenso, que los poetas nunca cierran los ojos, duermen versos y bostezan estrofas. Por eso, explican aquellos que han sentido el beso de los poetas que construyen los poemas con la amalgama del deseo y la humedad de la caricia, el fuego no surgió en el nacer del tiempo de la creación: se originó en el íntimo roce de unos labios. Sobre los versos, muchos dicen…yo, únicamente los siento


MARZO

•Febrero 8, 2010 • Dejar un comentario

Yo quiero ser marzo

para sentir que el aire desemboca

en la primavera del árbol

al borde del suicidio.

Como una voz revive,

como la ciudad se puebla

con vidas que no sienten

el frío del vacío de la frontera

con los países sin dueño.

Quiero ser mes anterior al agua

que las nubes parpadean,

ser el blanco de un color

que no se desvanece.

Como los ríos serpentean

los caminos salvajes de la tierra,

como tu lengua avanza

por la cueva fértil de mi boca…

Quiero ser, de nuevo, marzo,

marzo de auroras presentidas,

marzo de risas y palabras,

marzo de recuerdos que no duelen,

marzo sin sombras,

vibrante marzo.


NADA TIENE EL SABOR DE TU BOCA

•Febrero 6, 2010 • 1 comentario

Ni una sola noche de febrero se parece a tus ojos.

Ningún amanecer me ha vestido la piel como tus manos trepadoras, inquieta brújula que encaminó mi carne.

Ningún silencio se pronuncia con las vocales ardientes de tu nombre.

Ninguno de los continentes escondidos que sorprenden al cosmos, cuando declinan las estaciones, contiene ríos más hondos y sencillos que tus besos, eternas mariposas que abandonan la crisálida que encierra el sueño de tu lengua para alcanzar mis labios.

Ni una sola de las mareas del océano del tiempo ha desbancado tu voz o tu palabra. La arena se ha deshecho en sedimento tierno de sentires secretos y punzantes para convertir la tierra en lecho, costa menguante de las olas rotas ante tu recuerdo. Caracolas ausentes han marcado el camino en el que la espuma era signo y el azul el color que tomaba el deseo.

Ningún camino fue senda transparente, despejada incógnita ante mi mirada sin paz, ante mis tormentas y el frío de mis dudas.

Nada se resume más allá de un silencio que parte de mi cuerpo hacia tu espalda.

Nada calma mi sed de instantes callados, minutos blancos donde la impotencia se diluye y los abrazos son la balaustrada de tu encuentro.

Nada guarda un sabor semejante a tu boca. Nada.

Nadie tiene tu caminar, nadie deja sus huellas sobre mi pubis como hicieron los pasos de tus dedos, acompasadas gotas de caricias que bañaron con tu esencia las amapolas ingrávidas de mi sexo.

Nadie duerme en la memoria de las noches recordadas que no seas tú y tu alma sin penumbras.

Ni una sola noche de febrero ha rozado mi cara con amor tan distinto como tú hiciste, cuando los días eran lunas llenas, lluvia imprevista que dejaba sonidos en la piel cristalina de aquella ventana.


ES SUFICIENTE

•Febrero 5, 2010 • Dejar un comentario

Es  suficiente.

Sí. Lo es.

Me basta saber que tu recuerdo

es un cálculo exacto.

Mañana, respirarás sin saber

que existen las noches vacías

porque las horas te esperan.

No importa. Es suficiente

cerrar los ojos y sentir

que todas las tardes palidecen

cuando crece mi memoria

hasta alcanzar el ayer

y desoir tu ausencia.


ELLA

•Febrero 3, 2010 • Dejar un comentario

COPA by R. PAEZ STAHL

La boca se entreabre, lentamente.

La piel de los labios deja de rozarse y una leve sensación de frío los divide, imaginariamente. La calidez parece irrigarlos, haciéndoles sentir un latido que se inicia como un leve enrojecimiento. La humedad del aire no se resigna a ocupar únicamente su lugar y repta la realidad hasta alcanzar la boca y dejar sobre ella instantes transparentes, acuosos, en los que se instalan los preámbulos del deseo.

Los labios se mojan, invadidos por la voluntad de acercarse a aquello que anhelan.

Ella está ahí, frente a los labios que la buscan. Su presencia interrumpe los minutos que suceden en el mismo seno de los minutos ocupados por el tiempo.

Ella.

Los labios la desean con la rebeldía y el ímpetu de quien se sabe al borde de la posesión, sobre el límite que separa el anhelo de la serenidad agitada que se percibe cuando lo que se desea es alcanzado.

Los labios contienen incluso el más mínimo de sus movimientos, demoran el punto temporal en el que se posaran sobre ella. Se excitan. Laten. Vibran. Aumenta la temperatura de su carne, su color, su brillo. Íntimamente, se excitan.

Ella está ahí. Aguarda la boca sin que la nada sería, sin la que no se siente realidad.

Cuando el deseo se transforma en voz inevitable, en la invitación más honda a la que sucumbir para alcanzar el placer, los labios aumentan su amplitud y se abren, como un cuerpo ofrecido.

La boca rompe la distancia que la separa de ella, avanza con una cadencia controlada para dosificar el gozo. Los labios son ahora un delirio que, al sentir la materia de ella, su cuerpo transparente, se bañan con la saliva y lubrican su piel para que ella la sienta como una caricia.

Los labios, sobre ella.

El deseo, sobre ella.

El placer intensamente íntimo, sobre ella, sobre su cuerpo cristalino.

Los labios vibrantes se deslizan, como un ave precisa, sobre ella, sobre la copa, rozan su borde y lo poseen.


PALABRAS INSUFICIENTES

•Febrero 2, 2010 • 2 comentarios

Albufera anaranjada By J. Martínez Martínez

Estas son  palabras que se saben pasado

y, aún así, no pierden la belleza que atesora

un ayer precioso sin nostalgias que duelen.

¿Cómo se escribirán los puntos suspensivos en los que desearía que se convirtiese tu primer abrazo? ¿En qué sílaba se acentúa la emoción? ¿De qué forma podrá plasmarse el signo de admiración que señala a un anhelo, profundo y real?¿Como serán los puntos y seguidos que solo desean ser puntos constantes, seguidos, continuados, formar un camino de puntos que me lleven a ti? ¿De qué manera podrán escribirse las respuestas de las preguntas que no se necesita hacer porque, de tu corazón a mi corazón, de tu cuerpo a mi piel, los interrogantes se saben inútiles, intranscendentes pausas? ¿Habrá algún modo de dibujar los dos puntos que explican y describen el amor tan nuevo y tan intenso que me traes, que me provocas, que me dejas en esta boca, la  que espera ser boca y esperanza en tu boca?

Recorro en esta noche todos los caminos de palabras que conozco por si pudiera hallar las sílabas unidas que explicasen mi corazón a tus ojos de sueño. La domadora de palabras; la malabarista de sinónimos que se exilian  del sustantivo al que se asemejan, con la rebeldía del oprimido; la mujer que mira a la cara a su yo niña y a todas sus tinieblas; la voz que te recita, en las horas nocturnas y lluviosas, poemas de poetas que se atrevieron a escribir lo que ella siente, robándole los versos que aún no había imaginado; la mano que escribe, incansable, para que las frases se sometan y te bañen la conciencia… Esta noche, nada sabe ninguna de ellas del modo en que se ordenan las palabras para ser suficientes, para que te colmen el pensamiento y sus fronteras, para que la sepas, a ella, a mí, interna realidad que sueña con permanecer entre tus brazos mientras las mañanas, como abanico blanco, se despliegan…

No sé, en esta noche víspera y candente, cómo hacerte llegar la forma nueva que toma este amor que me regalas…


EN LOS DÍAS DE LLUVIA…

•Enero 31, 2010 • 4 comentarios

RAIN BY FRANCESCA FICARA

En los días de lluvia

no soy más que la mitad

de mi propio cuerpo.

Calle arriba, me pesa el abrigo

de las tardes en que he necesitado

caminar más de la cuenta

para sentirme lejos de las cosas.

Escucho conversar a las esquinas

inhabitadas de estas calles vacías.

Todo es húmedo, fugaz.

Todo recae en el agua culpable

de ser río desde el cielo

y hacia el suelo.

Por encima de los relojes,

desde el balcón abierto

de la noche callada,

pasan con lentitud mis versos.

Se confundieron de voz

cuando cayeron, para volver a ti,

rendidos en el círculo

abierto de los presentimientos.

Desde entonces, no me asustan

las sombras que flotan

en el silencio de las  gotas de agua.

A veces, como ahora, te recuerdo.

“No vas a cambiar nunca”,

pareces susurrarme.

Es cierto, es la verdad

que me traen los días de lluvia…