Si abandonases tu boca sobre la piel que cubre mi esperanza y la luz fuese el detonante preciso de la caricia hallada, mi cuerpo se arrojaría, carne adentro, para hallarte en el mar sin fondo que es la húmeda noche que nos tiene, apresados el uno en la más dulce cárcel del deseo que es el otro.
Si tus manos, no temiendo deshojar el tul ausente que las horas dejaron en mi espalda, avanzasen, lentamente, al ritmo de tu lengua, bañándome el cuerpo, tatuando los gestos para siempre, bebiendo de un cáliz que nada es sin tu cálida boca, nada sería este crepúsculo, sino el antecedente de un espejo inacabable.
Si tu lengua y la mía, declinadas como raíces de un árbol perennemente clavado a la lujuria preciosa que es sentirse, tejiesen la voz con el silencio, apuntando al claro centro de la luna menguando ante los besos.
Si uno solo de tus dedos se adentrase en ese satélite de ti que ahora es mi sexo, danzarían las aves que nunca antes existieron, los astros jamás perderían su luminosa esencia y nada quedaría, en esta tierra, más hermoso que tu cuerpo en el mío, aprisionados, pidiendo sin palabras ser condenados a la cadena perpetua de los labios.














DEJARON SU VOZ ESCRITA...