PREÁMBULO EN LA CARNE

•Noviembre 11, 2009 • Dejar un comentario

By Pouzyrev

Carne anhelante.

Preámbulo.

Nosotros.

Latido de la incitación.

Calma quebrada.

Fecundo inicio.

Más.

Reconocido deseo.

Pudor deshabitado.

Esencia en las posibles fantasías.

Carne en la voz, voz de la carne.

Aceptar.

Transgredir.

Los límites sucumben,

alcanzan horizontes

íntimos, secretos.

Afirmación

sin contrapartida.


Acto inicial.

Sueño en la piel de la realidad.

Preámbulo.

Llegada.

Abrazos nuevos.

Desnudez aceptada,

presentida.

Gemir.

Tu lengua, siempre.

Manos al vuelo,

en agitado vuelo.

Más.

Anhelamos más.

Signos identificados.

Anhelos declarados,

ahora incapaces de enmudecer.

Cuerpo.

Cuerpos.

Nosotros.

Excitado plural.

Piel como isla

navegando en la mar

de la saliva.

Piel como dádiva.

Piel y carne

sin sombras:

dos engarzado.

PENSARTE

•Noviembre 9, 2009 • Dejar un comentario


thinking by OERTERPICTURE BY OERTER

Versos a  Javier

Pensarte es desposeer

mi voz tras haberte nombrado,

aproximarte a la idea,

darte forma nueva,

construir

recuerdos

como espejos

en los que tu identidad cálida flota.

Pensarte  es acontecer en ti:

herida abierta que se busca

para renovar la propia carne,

huellas, imágenes,

devenir que alcanza el día

en el que inusitadas golondrinas

te trasladan a mi mente.

Pensarte es el instante sucinto

y reiterado en el que en habitas en mí.

Te pienso

y quiebro lo que queda de mí misma

en el sótano  frágil de mi alma.

Para escuchar la música que acompaña a este poema, abre en una pestaña nueva el siguiente enlace:pink floid – wish you were here(2)

AHORA…

•Noviembre 5, 2009 • 1 comentario

elle nova 9

PALABRAS A TU BOCA ÚNICA…

Ahora es un instante tan profundo como la punzada que propicia el placer. Es el minúsculo intervalo de tiempo que me separa de ella. Se quiebran las razones para esperar, quedan deshechos los argumentos que no explican, aunque lo intenten, el porqué ni el para qué de la distancia entre ambas.

La humedad se hace signo y en su interior, reconozco mi impaciencia, mi necesidad de aproximarme a ella y permitirme permanecer hasta el segundo en que mi respiración me lo impida. Nada es igual que la intersección que presiento, nada me conmueve más que poseerla, despacio, sin límites reconocibles.

La he buscado desde el tiempo más remoto. La soñé en los días en que el amor era únicamente una posibilidad distante y azarosa.

Ahora, cuando siento cómo interrumpe el aire con sus movimientos ínfimos, mi anhelo de ella es tan intenso que recuerda una adicción instaurada más allá de la dependencia.

No me sé nadie si ella no me busca. Mi alma pierde el tornasol de los recuerdos si ella se aleja. Nada soy, ni siquiera la sombra de una sombra, si su interior de agua no me baña. Mi nombre son sílabas fantasmas, leves sonidos extraviados en el universo improbable de la lógica errónea e inexacta si ella esquiva pronunciarlo. Me dibujo incompleta sin el pincel de carne roja que la marca. No soy más que una piedra hundida en el fondo de un lago negro,  inventado por las orillas de la tierra a la espera de que ella me recorra.

La necesito, la busco y la pretendo. Acecho su recorrido, su perímetro, su esencia. Anhelo ser en ella lo que otras no fueron capaces de incendiar ni provocar, cuando el tiempo se llamaba ayer y ella era ausente. La necesito, la busco, la pretendo…

Ahora es un instante tan profundo como la punzada propicia del placer. La tendré, será mía, seré también en ella.

—Acércate, dame tu boca —me dice tu boca anhelada y perseguida.

Para acompañar el texto con música, abre en una pestaña nueva el siguiente enlace: 02-Romeo And Juliet

LAS RAZONES DEL AMOR

•Noviembre 1, 2009 • Dejar un comentario

KISS CC BY EJE

 

 

 

 

 

Te quiero por lo que silencias,

por no huir de tu isla negra,

por la forma en que regresas

y te quedas en mis manos.

Las razones son ahora riesgos descubiertos

que pierden la importancia ante tus ojos:

te amo por las puertas que has cerrado

para que lleguen a mí tus pasos nuevos.

Te amo, sin pudor, roto el ábaco

que contabiliza el amor y los fracasos.

Te amo sin huir de mi pasado.

Aquí, en mi presente, hoy, te amo.

Por llenarme la piel con tus abrazos

y permitirles estar cuando la noche

se diluye ante la sombra de la luna.

Mi amor se desborda, sin permiso,

rompe los límites que la lógica dibuja.

Fuera de ella, aquí, también te amo.

Por llenarme la boca con palabras

que, sin ser promesas, son regalos

que se cumplen con la fuerza

de los vínculos cerrados.

Sin dudas. Sin temor. A corazón abierto.

Te amo desde mi voluntad y mi sonrisa,

con mi mente y mi sexo, con las manos,

con los ojos, en mis sueños: hoy, también te amo.

HABITACiÓN 926 (1ª parte)

•Octubre 21, 2009 • 1 comentario
by KAPLUGIN

by KAPLUGIN

—No, no voy a hacerlo yo. Quiero que seas tú quien se desnude para mí.

Sus palabras trastocan con firmeza el silencio que empieza a construirse allí, en una habitación que ha cobrado una identidad secreta. La identificamos como el paisaje en el que nuestro deseo y la búsqueda de placer se hallan a descubierto de las manos, de la intención, del nosotros. Basta una cifra para reconocerla e incluso, a veces, para lograr la excitación previa a la excitación inevitable que crecerá en ella: 926. Los tres números se han transfigurado en el símbolo de una profundidad que no deseamos compartir con nadie más. Se abre la puerta y el vacío se llena de nosotros, las palabras adquieren intencionalidad y atinan certeramente en su destino: la carne, el pensamiento o la piel.

—Desnúdate, para mí. Hazlo mirándome. Hazlo.

Su voz se asemeja a un látigo sutil, dominado por una mano en la que cabe también la ternura, en la que se conjuga la firmeza y la suavidad. Él sabe que me excita escuchar sus palabras cuando se acercan a la profundidad de una imposición sutil.

Se tiende sobre la cama silente y busca, me busca con sus ojos. No desea alcanzar mi mirada sino el movimiento de mis manos, que todavía no se ha iniciado, alrededor de mi ropa y la piel que irá quedando al descubierto.

—Eso es, desabrocha tu blusa. Despacio, hazlo despacio. Empieza ahora, mientras te contemplo. Despacio, no te apresures, saborea cada pausa. Voy a resistirme a acariciarte. Esperaré al instante en que sintamos el incendio del placer bordeándonos. Continúa. Desciende tu mano y desabrocha también ese último botón y espera. Aguarda hasta que imagine qué mostrará la desnudez de tu blusa.

Él respira más despacio, fuerza el ritmo de su aliento para controlar el tiempo con precisión y extenderlo hasta que ya no resista la fuerza de su deseo. Respira lentamente, quiere esconder su excitación o, sencillamente, desea que yo no la advierta para retarme, para invitarme a que sea yo quien quiera lograr su agitación máxima ya en estos primeros minutos de placer sostenido. Respira con un ritmo controlado, me observa las manos. Se esconde en su mirada. Su sexo, sin embargo, abandona en el mismo inicio su intención absurda de esconderse, de no mostrar la dureza que va tomando acompasando su crecimiento con mi piel al mostrarse. Detengo mis dedos para provocar su imaginación.

—No llevas ropa interior ¿verdad?

Lo sabe perfectamente. La silueta de mis pezones excitados por la blusa, primero, y por el contacto con el aire, después, son la evidencia de que he seguido sus deseos.

—Quiero que te quites la blusa ahora que está desabrochada, despacio. Roza tu cuerpo con ella, excita tu piel, empieza tú antes de que mis manos te busquen. Hazlo ahora.

Mi blusa pierde el contacto con mi cuerpo. La sostengo en mi mano y la aproximo a él. La toma, la sujeta con delicadeza, la toca y se la acerca al rostro enardecido.

—Es tu aroma. Huele a ti. Puedo oler tu excitación y eso me enloquece. Me gusta que el olor a  tu piel penetre la tela de tu blusa, se quede en ella hasta que yo la perciba. Todavía encierra el calor de tu cuerpo deseoso, está caliente, como tú. Continúa. No quiero que te detengas, no puedes interrumpir tu placer y el mío. No lo hagas, continúa. Búscate la piel con las manos y tócala, acaríciate despacio, disfrútate, goza de tu piel inundada de relieves. Sube las manos hasta tu pecho. Eso es, ahí, palpa tus pezones con lentitud, así, rodéalos con tus dedos y presiónalos hasta que sientas una oleada de placer tan agudo que recorra no solo tu torso sino tu pensamiento, tu pubis, tu espalda, tus caderas y tu mente, que ya siente arder el deseo. Ahora ¿Lo sientes? ¿Te excita? Te gusta ¿verdad? Si pudieras verte…estás preciosa, tu rostro expresa deseo, el más intenso. Me das placer con tu placer. Me acerca al climax verte anhelante, a punto de gemir y de pedirme ya que te recorra con los besos más encendidos y húmedos. No voy a hacerlo. No ahora. Todavía no. Quiero verte alcanzar el límite de tu resistencia antes de que me pidas que  entre en ti y te posea.

Le acecho con mi mirada mientras continúo permitiéndome el movimiento de mis dedos sobre mis pechos. Los siento tan cálidos como nunca antes, próximos a un estallido carnal que les llevará a un placer distinto, el que yo misma, mi voluntad, me regala. No siento pudor de ser yo quien se adentra en mi excitación, quien la hace crecer. Mis ojos se dirigen a sus ojos. Sé que su deseo es ahora mayor al verme autocomplacer a mi carne. Su delirio, el que intuyo más allá del que puedo observar, duplica la intensidad de mi gozo, del calor que ya comienza a descender desde mis pechos a mi pubis.

—Continúa, no te detengas, me das tanto placer con tu placer…

FINGIRÉ

•Octubre 18, 2009 • Dejar un comentario

otoño congelado

Fingiré que desconozco el sabor de la ausencia

que dejas cuando tus pasos empequeñecen los caminos

y solitarios quedan los ojos que te buscan.

Fingiré que el humo del cigarro seda mi corazón

y  lo transforma en tambor que amarillea

recuerdos imprecisos, tardes de noviembre que perecen.

Fingiré que la voz, el teléfono y las cartas

son puentes que no se cierran ni siquiera

cuando las barcazas del futuro se hunden y zozobran.

Fingiré paciencia. Simularé que los relojes

son de cera incolora y se deshacen con cada golpe

de hora encogida sobre el penúltimo minuto.

Fingiré que se alejan ellas, las mañanas, cargadas

de gladiolos inventados cuando tu mano al aire

desliza tu adiós y me sonríen tus sueños.

Fingiré mi fortaleza. Haré como si mi soledad se dividiera

al pensarte y decir en voz alta tu nombre,

tu identidad, la percha vocálica que acoge tu cuerpo deseado.

Fingiré que soy capaz de vencer a esta nostalgia

que se empeña en convencerme de que el futuro

cabe en un solo mañana.

Fingiré. Podré inventar, inventarme un ánimo

inexistente, exagerado e irreal, una alegría que no tengo

cuando vacía de ti, busco tu abrazo.

Fingiré que esta espera en que te aguardo es indolora.

Fingiré una sonrisa cuando alguien sueñe

cerca de mi piel y me recuerde que es posible

que el amor deshaga el tiempo que no pasa.

Fingiré que no anhelo tu regreso para que puedas

esquivar la urgencia con que inconscientemente

reclamo tu lengua, tus ideas, tu sexo y tu presencia.

Fingiré ser ave dormida, apoyada en el quicio de la espera,

mientras desdoblo cada sombra prematura

que traen las estaciones que no son primaveras.

Fingiré. Seré impostora de mí misma

para que no te duela estar ausente de mi boca.

Fingiré. Puedo fingir que resisto la añoranza

de hallarme entre tus manos de dulce enredadera.

Puedo fingirme, alejarme de la lógica en la que me sabes

la mujer que te ama, quien trastoca el anochecer

y lo fragmenta en estrellas  para que regreses

ocupando la amplitud de todas las veredas.

Fingiré. Simularé. Seré impostora del hoy que

denso se sujeta a mis caderas,

pero tú sabes, mi amor, que no podré fingirte,

que es imposible ocultar la huella del amor

que cada día en mi cabello de medusa exploradora

dejan tus dedos tibios y concretos, tu labio soñador

la voz que te recobra, el sol, tu cuerpo grato.

Fingiré que soporto la espera hasta que vuelvas,

pero tú sabes, mi amor, que aguardo

incluso las sombras azules de tus pasos.

Iré a ti, has dicho con palabras verdaderas.

La espera se hace tiempo que late innecesario.

Regrésate, mi amor,

regrésame tus labios.

Para escuchar la canción que acompaña al poema, clica el enlace siguiente:01 harry’s game

TU VOZ

•Octubre 9, 2009 • Dejar un comentario

Tu voz es un regalo en el centro de la noche. Transparentes, como un día sin fronteras, tus palabras quiebran el silencio que se advierte cuando la luna no preside el firmamento. Tu voz resuelve la distancia, dulcemente, con la inusitada fuerza que tienen las dádivas que ni siquiera se presienten. Ella dice también en tus silencios, excluye cualquiera de los pliegues de la duda y me acaricia el alma y sus suburbios.

—No temas — susurra tu voz cuando escucha temblar al futuro en mi garganta—. No temas, habrá lunas meciendo nuestra espalda. Hasta ti las llevaré, en caudal desmesurado, para cubrir nuestro lecho y dejar en tu piel un brillo nuevo. Serás la criatura que duerma en el lugar en el que nadie se atrevió a naufragar. No temas, mis brazos serán el puente prodigioso por el que tu andar de verde enredadera caminará, encadenando mañanas con certezas. 

Tu voz, así, de esta manera, rompe el temor que todavía duerme en mi alma azul de exploradora. No siento miedo, mi amor, si el roce de tus brazos me envuelve las caderas, si tu voz es cercana, si dejas uno solo de tus besos cuando el amanecer se expande en mi boca de mujer, en mis ojos de quimera.

 

•Octubre 8, 2009 • Dejar un comentario

 En las estaciones, tú eres el rostro de todos los viajeros. En ellos te adivino, confundiendo su identidad real con la forma que toman mis deseos. Tú: repetido cuerpo que llena los andenes de sonrisas minúsculas, compás respetado por las culebras de metal que llegan y se marchan, asidero en el que los equipajes son algo más que una maleta repleta de vestigios.

En las calles, te intuyo. En cada una de las ciudades por las que camino, creo distinguirte, inmóvil en ocasiones o convertido en fulgurante bienvenida. En los parques tapizados de infancia, en los callejones apenas conocidos, en las salas del adiós que limitan los volúmenes hospitalarios de los aeropuertos, en las esquinas concluyentes que segmentan el espacio, en un hasta pronto, en una duda, adherido a unos labios, en el centro de cualquier existencia, creo adivinarte…

Tomas forma en cualquier paisaje advertido por mi vista. Es tan intenso mi anhelo de alcanzarte  con mi única mirada que creo verte en el mismo centro del universo, en cada astro, en los satélites que pretenden a los dulces planetas.

ESTACIÓN BY DIETMAR83

ESTACIÓN BY DIETMAR83